29 de abril, 2021

“Innovación” es probablemente uno de los términos más manidos de nuestro tiempo. Llevamos décadas escuchando a las empresas hablar de la innovación como un mantra que garantizaría la competitividad y la supervivencia, a menudo acompañada de grandes inversiones en tecnología que, en la mayoría de los casos, no retornan en mejoras cuantificables, en resultados de negocio o en eficiencia de los procesos.

No hay una única forma de definir la innovación, como no hay una única fórmula para aplicarla con éxito. Las empresas que tradicionalmente han dominado los mercados han aplicado mayoritariamente la innovación incremental, a través de la mejora gradual de sus productos y servicios para aumentar su competitividad, o la innovación evolutiva, ampliando su oferta y evolucionando para poder acceder a nuevos mercados y clientes.

Otros han ido más allá. Los grandes referentes a los que miramos en la actualidad son compañías que han aplicado la innovación disruptiva. Han cambiado el paradigma de su sector al introducir un nuevo proceso, producto o servicio que ha revolucionado el mercado, no tanto por su tecnología, sino porque bien aportan una solución novedosa que se adelanta a las necesidades de las empresas y consumidores, bien ofrecen una respuesta diferente ante un problema conocido. Ahí están los casos de Apple, Uber o Amazon, entre muchos otros, que han cambiado las reglas del juego y han puesto en jaque a los líderes sectoriales que no han sido capaces de romper con lo establecido.

Y es aquí donde reside precisamente una de las claves de la innovación: la solidez empresarial no debe derivar en inmovilismo. Es necesario conservar una estructura flexible, valiente y creativa, capaz de anticiparse a nuevas oportunidades y posicionarse en áreas de actividad donde se genere mayor valor, aunque esto suponga dejar atrás nuestro negocio tradicional o entrar en terrenos desconocidos.

En DOMINION nacimos muy ligados al sector de las telecomunicaciones. Un sector competitivo y deflacionario que nos obligó a innovar, y que también nos dio las herramientas para hacerlo, con el fin de continuar siendo rentables. Una vez desarrollada esa experiencia, decidimos trasladarla a otros sectores, como el industrial o el de la energía, aportando un valor diferencial en mercados más tradicionales y sin incentivos al cambio. Y no nos quedamos ahí. Nuestro alto conocimiento sectorial y una visión transversal de los negocios nos hizo posicionarnos en el entorno B2C aplicando los mismos principios de nuestro negocio B2B. Habrá quien considere que esta decisión es un salto mortal.

Y así llegamos a otra de las claves de la innovación: contar con un equipo suficientemente audaz para emprender cambios de calado. Y no hablamos tanto de las capacidades intrínsecas de cada persona, sino del caldo de cultivo que debemos crear en la organización para que nuestros equipos se sientan capaces de arriesgar sin miedo al fracaso. Una cultura y un entorno propicios para equivocarnos, siempre y cuando lo hagamos dentro de la exploración de nuevas oportunidades y convirtamos los tropiezos en aprendizajes.

Por todo esto, si tuviera que definir qué es la innovación para DOMINION diría que es parte de nuestra cultura, es hacer las cosas de forma diferente sin olvidar que la tecnología es sólo una herramienta. Es difícil predecir qué actividades realizaremos en los próximos años. Lo que es seguro es que seguiremos apostando por nuestra visión diferencial y por hacernos un hueco allí donde tengamos una alta capacidad de crear valor en base a nuestra capacidad de innovar. Porque, al ritmo al que avanza el mundo, la innovación ya no se basa en pensar “fuera de la caja”, sino en vivir fuera de ella.

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Barandiaran
Consejero delegado
Dominion

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