Science: A New Golden Age propone diversificar la financiación, experimentar con nuevos modelos de evaluación y situar la inteligencia artificial en el centro de la política científica estadounidense. Más que un modelo para importar, ofrece referencias útiles —y también cautelas— para el Sistema Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación.

El 21 de julio de 2026 la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca publicó Science: A New Golden Age, presentado como la revisión más amplia de la política científica estadounidense desde Science, the Endless Frontier, de Vannevar Bush. Se trata de una estrategia, no una reforma plenamente desplegada, aunque un memorando asociado exige a las agencias federales con mayor presupuesto de I+D presentar en 90 días planes para aplicar parte de sus recomendaciones.

El informe plantea revitalizar el sistema científico, asegurar el liderazgo en tecnologías críticas, acelerar la ciencia mediante la inteligencia artificial (IA) y extender sus beneficios al conjunto de la población. Su orientación ha generado lecturas enfrentadas: frente al mayor peso concedido a la industria tecnológica y la IA, diversos análisis advierten del menor protagonismo de las ciencias sociales, la salud pública y las humanidades, así como de posibles efectos sobre la cooperación transatlántica. Entre sus propuestas, tres mecanismos merecen especial atención.

Tres formas de experimentar con la financiación

La primera consiste en financiar trayectorias investigadoras, y no únicamente proyectos cerrados o instituciones. El informe toma como referencia el Howard Hughes Medical Institute, cuyo modelo de ayudas combina periodos largos, amplia autonomía científica y requisitos de seguimiento relativamente ligeros. El NIH Director’s Pioneer Award constituye un antecedente federal parcialmente comparable para investigaciones innovadoras y de alto riesgo. La cuestión de fondo es si una parte de la financiación pública debe apostar más por la capacidad de las personas que por la previsión detallada de resultados.

La segunda propuesta busca introducir mayor agilidad y tolerancia al riesgo. Junto a ayudas de resolución rápida (fast grants), destacan los denominados golden tickets: cada evaluador puede utilizar un voto excepcional para defender una propuesta no convencional y rupturista, que no haya logrado consenso. El modelo, ensayado inicialmente por una fundación danesa y pilotado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, abre una vía minoritaria para apuestas científicas de alto riesgo sin sustituir la evaluación ordinaria.

El tercer mecanismo es la metaciencia institucional: aplicar métodos de investigación a la propia financiación de la ciencia. El informe propone capacidades internas que comparen instrumentos, analicen datos de convocatorias, realicen pilotos controlados y publiquen qué funciona y qué no. Cita como referencias la unidad de metaciencia del Reino Unido y el enfoque de carteras temáticas de Noruega. No se trata, por tanto, de un catálogo enteramente nuevo, sino de una propuesta para experimentar y ampliar prácticas ya presentes en otros sistemas.

Seguridad de la investigación e IA como ejes transversales

El documento refuerza la seguridad de la investigación y el control de la transferencia tecnológica, desde el diagnóstico político de que la apertura estadounidense al talento internacional no siempre ha garantizado que el retorno industrial permanezca en el país. Para Euskadi y Europa, el reto es proteger conocimiento, datos e infraestructuras sin debilitar la cooperación internacional ni convertir el origen del talento en un factor de sospecha.

La IA aparece, además, como una infraestructura transversal. La Misión Genesis, lanzada en 2025 y reforzada en julio de 2026, busca integrar supercomputación, modelos de IA, datos científicos e instalaciones experimentales, con el objetivo declarado de duplicar la producción estadounidense de I+D.

Una lectura desde Euskadi

El interés para Euskadi no reside en trasladar el modelo político estadounidense, sino en contrastar sus instrumentos con prioridades ya presentes en el reformulado PCTI Euskadi 2030: apoyo al talento, ciencia de vanguardia, innovación orientada al impacto y Faros de Innovación en ámbitos como la IA, las tecnologías cuánticas, la ciberseguridad, la descarbonización o la salud.

Tres líneas parecen especialmente pertinentes: ensayar convocatorias de mayor duración, autonomía y menor carga administrativa para personas o equipos con trayectoria contrastada; reservar una proporción pequeña de determinadas convocatorias a un mecanismo similar al golden ticket, con evaluadores independientes y reglas estrictas sobre conflictos de interés; e incorporar una función estable de metaciencia a la evaluación de los programas de ayudas, para aprender de forma sistemática qué diseños producen mayor calidad, diversidad e impacto.

La escala y la proximidad institucional del sistema vasco pueden facilitar pilotos más rápidos que los de una gran administración. Cualquier experimento debería comenzar de forma acotada, publicar sus criterios y resultados y someterse a revisión externa antes de ampliarse. El aprendizaje más útil de la propuesta estadounidense no es una receta concreta, sino la conveniencia de tratar la financiación de la ciencia como una política que también puede experimentar, medir y mejorar.

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