22 de julio, 2020

Educación, dimensión y emprendimiento. Creo que en el impulso de estos tres factores reside buena parte de la clave para la mejora de la innovación en Euskadi que, como todos sabemos, resulta imprescindible si queremos seguir siendo un país competitivo y, por lo tanto, si queremos mantener nuestro modelo de bienestar social.

No hay que olvidar que la empresa es la principal contribuyente al progreso colectivo gracias a la actividad y el empleo que genera. Si la empresa se queda atrás, el modelo social al que contribuye tan decisivamente también se queda atrás. Y eso es algo que no nos podemos permitir. Estamos pues en una especie de ‘carrera continua’, en la que la innovación resulta determinante. Y llega el momento de acelerar.

Hace pocas semanas un informe del IVIE (con datos del INE y del Eurostat del 2018) situaba a Euskadi a la cabeza del estado en inversión en I+D+I con relación a su PIB: un 2%, muy por encima de la media española (1’2%), pero sin alcanzar todavía la europea (2’2%) y lejos de los líderes. Por otra parte, y según ese mismo estudio, la inversión realizada en ese campo por la empresa privada en Euskadi alcanza, en términos relativos, la de países como Alemania e Italia.

Se podrán valorar de una manera u otra, pero las cifras muestran claramente que necesitamos dar nuevos pasos. A favor, contamos con una administración sensible, instituciones como Innobasque y un tejido empresarial consciente del reto, entre otras cosas, porque su alta internacionalización le da una perspectiva clara de su relevancia. Por el contrario, hay aspectos en los que tenemos una clara posibilidad de mejora. Y es aquí donde entran esos tres factores a los que aludía al principio.

En educación, debemos ser capaces de orientar más a nuestros jóvenes hacia habilidades STEAM porque la ciencia y la tecnología son, sin olvidar los valores, compañeros inseparables de la innovación. Formación Profesional y Universidad deben volcarse en un mayor aprovechamiento del conocimiento que generan para la empresa vasca: ahí empieza la innovación. Conscientes de su importancia, desde Confebask llevamos ya muchos años trabajando intensamente esa colaboración, uno de cuyos últimos ejemplos lo constituye la ‘universidad dual’, pionera en el Estado.

Esa cercanía y transmisión de conocimiento desde la enseñanza a la empresa es el caldo de cultivo para una innovación que asegure su supervivencia a medio y largo plazo.
También debemos ganar en dimensión. A mayor tamaño de empresa, más investigación, más innovación y mayor resistencia a crisis como la actual. Es cierto que, en los últimos años, la dimensión media de las empresas vascas había ganado terreno hasta acercarse al ratio de la UE, pero aún estamos muy lejos de dos de nuestros principales competidores, como son Alemania y Reino Unido, en donde el número medio de empleados en sus empresas es del doble que en las vascas. Y es de prever que la actual crisis no ayude a mejorar esa comparativa.

Y, por último, qué decir del emprendimiento. Vivimos en una sociedad en donde el papel que juega la empresa no es, en muchas ocasiones, suficientemente valorado. Los conceptos de riesgo, esfuerzo y recompensa acorde al trabajo realizado se sustituyen a menudo por otros de menor implicación personal que conducen a una histórica apatía social por el emprendimiento en Euskadi. Tenemos que encontrar la manera de revertir esa tendencia. En definitiva, tres grandes retos y nuevos discursos. Eso también es innovación.

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