La consultora especializada en gestión del conocimiento y desarrollo del talento GEIST Consultancy acaba de sumarse a la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque, que cuenta con más de 900 entidades socias que representan gran parte del Sistema Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación. “Ser socios encaja con nuestra manera de trabajar, basada en la cooperación, la transferencia del conocimiento y la búsqueda de la mejora continua”, explica Kristina Mirchuk, CEO de esta firma que nació en 2019, cuando su equipo decidió trasladar a las pymes vascas lo aprendido sobre gestión por competencias en la industria automovilística alemana.

“Es algo que tiene especial sentido en sectores de alto valor añadido y con conocimiento crítico, algunos tan presentes en Euskadi como la máquina-herramienta, la automoción, el aeroespacial o el ‘biotech’, pero en realidad estamos hablando del activo más valioso de cualquier pyme y, de hecho, nuestro enfoque es aplicable a cualquier empresa que quiera gestionar su conocimiento de manera consciente, práctica y sostenible”, señala.

“La gestión del conocimiento se queda a veces en un concepto abstracto, sin un método claro o una dedicación real a su implementación -lamenta Mirchuk-. Hay empresas que no tienen ningún protocolo, pero también hay otras que aseguran realizar ya una gestión, pero luego repiten errores, pierden ‘know how’ porque sólo lo tenían en la cabeza de unos pocos trabajadores que se han jubilado, no encuentran información que sí está en la empresa pero nadie sabe dónde, hacen esfuerzos increíbles por adquirir tecnología o contratar talento que luego no saben ‘encajar’ en el funcionamiento de la organización y que, por tanto, no son una ventaja competitiva real …”.

Después de ver estos patrones muchas veces, Mirchuk reconoce que gran parte de la labor de GEIST Consultancy es “apagar fuegos”, porque las empresas “no acuden a la consultoría para planificar y estandarizar la gestión del conocimiento; lo hacen cuando por no hacerlo o no hacerlo bien ya tienen un problema”. De ahí que, según su experiencia, su primera labor sea “evangelizar”, hacer entender a la empresa (y muy especialmente a su dirección) que ni los parches de emergencia ni las herramientas tecnológicas sirven de nada si no abordamos la protección del conocimiento con “un enfoque holístico, como parte de un sistema conformado por personas, procesos, cultura, tecnología, aprendizaje y estrategias del negocio”.

“Con nuestro trabajo la empresa ha de obtener un resultado comprensible, trazable y accionable. Tiene que saber qué proteger, qué desarrollar, qué estandarizar y qué escalar, pero también cómo se transfiere conocimiento, cómo se aprenden las competencias básicas, cómo cambia la cultura de la organización y qué hace que una solución se adopte o se quede en un cajón”, subraya. Por eso, la concienciación va de la mano de una “auditoría rápida” en la que “con preguntas que se pueden responder en apanas cinco o diez minutos”, determinan no sólo si la empresa les necesita y dónde; también si “está lista para trabajar” con ellos. “Les preguntamos, por ejemplo, si las tareas críticas dependen de unas pocas personas, si el proceso de incorporación de los nuevos trabajadores es lento, si saben dónde encontrar la versión actualizada de una información importante, si ven que sus innovaciones no escalan o si el orden y estructuración que tienen de su conocimiento les permitiría incorporar inteligencia artificial y sacarla rendimiento”, describe.

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