La innovación nuclear estadounidense está entrando en una fase de demostración. En junio, dos nuevos diseños —el Mark-0 de Antares Nuclear y el Ward 250 de Valar Atomics— alcanzaron la criticidad, es decir, lograron mantener una reacción nuclear estable, dentro del programa impulsado por el Departamento de Energía para acelerar la prueba de reactores avanzados.
La diferencia frente a las grandes centrales nucleares actuales está sobre todo en el planteamiento. Estos nuevos reactores buscan ser mucho más pequeños, modulares y desplegables, con sistemas de seguridad más pasivos y aplicaciones más flexibles. En lugar de estar pensados únicamente para alimentar grandes redes eléctricas, podrían utilizarse en instalaciones industriales, centros de datos, bases remotas o emplazamientos con dificultades de acceso a la red. El Mark-0, por ejemplo, está concebido como microrreactor para entornos remotos, militares o incluso espaciales.
El objetivo es también reducir uno de los grandes problemas de la nuclear convencional: los largos plazos y costes de construcción. Estos diseños aspiran a simplificar fabricación, instalación y operación, aunque todavía están en fase de validación y no han demostrado que puedan competir comercialmente a gran escala.
La señal relevante es que Estados Unidos está intentando convertir la nuclear avanzada en una tecnología más industrializable, flexible y rápida de desplegar, justo cuando crece la demanda eléctrica asociada a la industria y a los centros de datos.
Artículo de referencia:
https://www.idahostatesman.com/news/northwest/idaho/article316270673.html




