El informe sobre el futuro del capital riesgo publicado en mayo de 2026 por el Foro Económico Mundial y la Stanford Graduate School of Business describe dónde se acumula el capital de la innovación global, quién puede convertirlo en valor y quién queda fuera de ese proceso. Sus conclusiones trascienden el análisis financiero: estamos ante un informe deja de manifiesto cómo la financiación de la innovación se convierte en un factor de poder tecnológico y competitivo de primer orden.

El ciclo del capital riesgo bajo presión estructural

Durante décadas, el venture capital funcionó como un ciclo virtuoso: fondos invierten en empresas emergentes, esas empresas salen a bolsa o son adquiridas, los inversores recuperan su capital y lo reinvierten en la siguiente generación de startups. Ese ciclo está bajo una presión estructural sin precedentes. Hoy, cerca de 1.920 unicornios permanecen en manos privadas con una valoración agregada superior a los 9 billones de dólares. Se estiman 3,2 billones de dólares en valor no realizado inmovilizado en fondos de capital riesgo, incluyendo 1,7 billones en fondos lanzados antes de 2019. Las distribuciones a inversores han caído a mínimos históricos —los fondos del ciclo 2021 devolvieron a sus inversores menos del 25% del capital comprometido a los cuatro años— y el tiempo medio para cerrar un nuevo fondo alcanzó en 2025 los 15,3 meses, frente a los 9,7 de 2022.

La razón de fondo es que las empresas más valiosas ya no necesitan salir a bolsa para acceder a capital. La última ronda de OpenAI captó 110.000 millones de dólares, cuatro veces el mayor IPO de la historia. Los mercados privados, alimentados por fondos soberanos, family offices y grandes gestoras, pueden hoy sostener ambiciones que antes requerían mercados públicos. El resultado es que el capital no vuelve a los inversores, y lo que no vuelve no puede financiar la próxima generación de empresas.

La concentración de valor tiene una geografía

El informe documenta con datos precisos algo que la narrativa habitual sobre innovación global tiende a suavizar: la creación de startups es cada vez más global, pero la captura de valor sigue siendo extraordinariamente concentrada. Estados Unidos y China representan el 70% de los unicornios por número, pero el 82% de su valoración agregada. Europa, con el 13,4% de los unicornios globales, captura apenas el 8% del valor total. Las cuatro empresas privadas más valiosas del mundo —OpenAI, SpaceX, ByteDance y Anthropic— son exclusivamente americanas o chinas, y su valor combinado supera al de todos los unicornios europeos e indios juntos.

Esta brecha no es accidental ni solo una cuestión de tamaño de mercado. El informe identifica sus causas estructurales: en Norteamérica y Asia, una de cada 60 empresas respaldadas por capital riesgo alcanza el estatus de unicornio; en Europa, una de cada 135. Una empresa estadounidense tarda de media 3,4 años en alcanzar los 1.000 millones de valoración; fuera de Estados Unidos, la mediana fue de ocho años entre 2020 y 2025. Detrás de esas cifras hay diferencias de profundidad en los mercados de capital, fragmentación regulatoria transfronteriza y ecosistemas de talento más o menos desarrollados.

Estados Unidos y China representan el 70% de los unicornios por número, pero el 82% de su valoración: la brecha entre crear innovación y capturar su valor es hoy el problema central de la competitividad tecnológica europea.

La inteligencia artificial como acelerador geopolítico

La IA no es solo un nuevo sector para el capital riesgo: está reconfigurando los términos de la competición tecnológica global a una velocidad que las estructuras institucionales apenas alcanzan a seguir. En 2025, la IA absorbió más del 50% del valor global de las operaciones de capital riesgo. En el primer trimestre de 2026, cuatro compañías de IA captaron 188.000 millones de dólares, el 65% de toda la inversión VC global en ese período. Las grandes tecnológicas americanas —Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft— proyectan un gasto de capital conjunto superior a los 650.000 millones de dólares en 2026, destinado mayoritariamente a infraestructura de IA. Independientemente de cómo se llame el capital —riesgo, privado, soberano, corporativo—, las decisiones sobre dónde se construye la infraestructura tecnológica del futuro se toman en un número muy reducido de lugares, y ninguno de ellos es europeo.

Europa ante la brecha de escalado

Europa no parte de cero. Entre los unicornios europeos, 281 han generado más de 2.000 nuevas startups a través de sus ex empleados; Klarna, Spotify y Zalando solos han producido 183 nuevas empresas. Seis países europeos figuran entre los diez primeros del mundo en densidad de unicornios por habitante. Hay base científica, talento y capacidad industrial. El problema no es la semilla, sino las condiciones para que crezca.

Mientras los fondos de pensiones europeos destinan apenas el 0,12% de sus activos al capital riesgo, sus homólogos norteamericanos llegan al 1-3%. Una startup que quiera operar en Berlín, París y Madrid debe gestionar tres marcos normativos distintos de incorporación, tributación y regulación de valores. El resultado es que muchas empresas europeas con potencial se ven obligadas a buscar capital fuera, o a crecer más despacio de lo que podrían. Europa genera innovación que otros escalan y capitalizan.

Las respuestas institucionales están tomando forma. A escala europea, la iniciativa EU-INC busca crear una entidad jurídica paneuropea que permita constituirse una vez y operar en los 27 estados miembros. Y en mayo de 2026, la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones han lanzado el “Scaleup Europe Fund”, el mayor fondo paneuropeo para inversiones en fases avanzadas de crecimiento, con un volumen objetivo de 5.000 millones de euros y foco en sectores estratégicos como la IA, los semiconductores y las tecnologías profundas. A escala nacional, España ha puesto en marcha el Fondo Next Tech, gestionado por la SETT, con una dotación de 4.000 millones de euros en colaboración público-privada orientada específicamente al escalado de empresas tecnológicas españolas en sectores digitales y de inteligencia artificial. Son señales de que el diagnóstico está calando, aunque la velocidad a la que se mueven los mercados de capital, especialmente en IA, hace que cada año de retraso tenga un coste creciente.

En el primer trimestre de 2026, cuatro compañías de IA absorbieron el 65% de toda la inversión VC global: la concentración de capital en tecnologías críticas está dejando de ser una cuestión de mercado para convertirse en un hecho geopolítico.

Implicaciones para el sistema vasco de ciencia, tecnología e innovación

Para el SVCTI este diagnóstico tiene varias lecturas relevantes. La primera es estructural: la brecha entre crear innovación y capturar su valor no es solo un problema europeo agregado, es el problema específico de regiones industriales con masa crítica en fabricación avanzada y tecnologías de proceso, pero sin los instrumentos financieros que permiten escalar y retener valor. La segunda es de posicionamiento: las respuestas que Europa está construyendo -EU-INC o “Scaleup Europe Fund”-, junto con instrumentos estatales como el Fondo Next Tech abren ventanas de oportunidad concretas para las empresas del SVCTI que buscan financiación para escalar. La tercera, quizás la más relevante, es que el debate sobre financiación de la innovación no puede mantenerse separado del debate sobre competitividad tecnológica y autonomía industrial: son, cada vez más, la misma conversación.

Para el SVCTI, el debate sobre financiación de la innovación y el debate sobre competitividad industrial son, cada vez más, la misma conversación.

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Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque
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