Roland Berger publicó el 10 de septiembre un informe que plantea la próxima década tecnológica como una carrera en la que el ganador se lo lleva casi todo. Tras analizar más de 400 tecnologías, la firma de consultoría estratégica alemana identifica 30 tendencias que hoy representan en torno al 9 % del PIB industrial mundial y que, según sus proyecciones, alcanzarían el 37 % en 2040, con un mercado superior a 20 billones de euros. Supondría multiplicar por diez su tamaño actual en menos de quince años.
Las cifras deben leerse como órdenes de magnitud y no como previsiones precisas, pero la tesis de fondo es clara: las posiciones competitivas se están consolidando ahora, y quienes escalen primero condicionarán el reparto del valor en el próximo ciclo económico.
Actuar ya o prepararse: una cartera de dos velocidades
El informe selecciona catorce tendencias prioritarias, con un valor estimado de 16 billones de euros en 2040 y las divide en dos grupos. Nueve pertenecen a la categoría de actuar ya: sistemas de IA, semiconductores, centros de datos, robots humanoides, baterías, materiales avanzados, almacenamiento energético, sistemas autónomos y biotecnología. En ellas, los mercados comerciales ya se están formando a escala, el capital se mueve deprisa y las posiciones competitivas se están endureciendo.
Las otras cinco, tecnologías cuánticas, biomateriales, captura y uso de carbono, tecnología médica y sistemas espaciales avanzados, requieren explorar y prepararse: la oportunidad es significativa, pero el horizonte de desarrollo es más largo.
No todas las tecnologías exigen la misma apuesta ni el mismo calendario, pero en ambos grupos las decisiones de los próximos años fijarán posiciones difíciles de revertir.
La competencia tecnológica se decidirá menos por quién inventa y más por quién escala primero.
Europa: el problema no son las ideas, es la escala
Europa dispone de una base investigadora sólida con capacidad de invención, pero la fragmentación de los mercados, la lentitud en la toma de decisiones y el acceso limitado a capital para escalar han impedido que esas fortalezas se traduzcan en liderazgo tecnológico global. De hecho, según McKinsey Global Institute, el instituto de investigación económica y empresarial de la consultora estratégica McKinsey & Company, las empresas con sede en Estados Unidos y en la región de la Gran China concentran el 90 % del valor de mercado de los grandes ámbitos de competencia del futuro.
Por eso el informe propone tres vías diferenciadas. La primera, “Europa para el mundo”, se reserva para los ámbitos en los que Europa mantiene posiciones defendibles: microrredes y recursos energéticos distribuidos, tecnologías cuánticas, captura de carbono y tecnología médica. La segunda, “Europa para Europa”, se apoya en la demanda y la regulación propias en sistemas autónomos de defensa, robótica humanoide, infraestructura de recarga y movilidad autónoma. La tercera se aplica a semiconductores, sistemas de IA y centros de datos, donde, según el informe, la posición europea está demasiado rezagada para aspirar al liderazgo: el objetivo es atraer empresas extranjeras para que una parte de la creación de valor se quede en Europa. Se trata esta de una lectura más pragmática que la habitual en el debate sobre soberanía tecnológica: plantea aceptar algunas dependencias y concentrar el esfuerzo donde existe una posición de partida.
El informe aplica la misma lógica a las empresas, donde muchas compiten en la capa equivocada de la cadena de valor al intentar ganar plataformas completas, cuando la oportunidad está en la integración de sistemas, las capas de control y los subsistemas críticos. En robótica humanoide, por ejemplo, sitúa la oportunidad europea en actuadores, sistemas de movimiento, electrónica de potencia y componentes críticos para la seguridad; en centros de datos, en la distribución eléctrica, la refrigeración y la generación.
¿Qué significa para un ecosistema industrial como el vasco?
Esta forma de entender la competencia tiene una lectura directa para Euskadi. Para un tejido industrial con peso en bienes de equipo, componentes y soluciones energéticas, disputar la integración, el control y los subsistemas críticos resulta más realista que competir por las grandes plataformas. Se trata de ocupar las posiciones de la cadena en las que el valor es alto y la sustitución difícil. En tecnologías cuánticas, que el informe sitúa entre las fortalezas europeas, Euskadi cuenta además con una posición singular desde la instalación en Donostia del primer IBM Quantum System Two de Europa.
Las recomendaciones a los responsables públicos apuntan en la misma dirección: pasar de financiar pilotos a apoyar el despliegue a escala industrial, avanzar hacia sandboxes (entornos controlados de prueba que permiten experimentar con nuevas tecnologías bajo condiciones supervisadas) y procesos de certificación más rápidos, así como dar estabilidad a largo plazo a las políticas para reducir el riesgo de los mercados emergentes. Euskadi ya utiliza algunos de estos instrumentos; el reto es orientarlos menos a experimentar y más a escalar.
En una carrera en la que el valor tiende a concentrarse, el margen de un territorio de tamaño medio no está en competir en todas las tecnologías, sino en elegir bien su posición en cada una de ellas.
Muchas empresas compiten en la capa equivocada: la oportunidad no está en la plataforma completa, sino en los sistemas y componentes críticos.Para Euskadi, el margen no está en competir en todas las tecnologías, sino en elegir bien su posición en cada una.




