A 700 metros bajo tierra, cerca de Jiangmen (China), acaba de entrar en funcionamiento el Jiangmen Underground Neutrino Observatory (JUNO), una de las instalaciones científicas más ambiciosas del mundo. Se trata de una esfera de 35 metros de diámetro, llena con 20.000 toneladas de líquido centelleante y rodeada de miles de sensores capaces de detectar la tenue luz que producen los neutrinos al interactuar con la materia.

Estas “partículas fantasma”, que atraviesan la materia casi sin dejar rastro, podrían contener claves sobre la evolución del cosmos. El objetivo principal de JUNO es resolver el enigma de la jerarquía de masas de los neutrinos, una incógnita que, de resolverse, ayudaría a comprender mejor por qué el universo es como es y no de otra manera.

Además, a largo plazo, el observatorio podría arrojar luz sobre si los neutrinos son partículas de Majorana, es decir, si son su propio antipartícula. Este hallazgo tendría profundas implicaciones para explicar el desequilibrio entre materia y antimateria en el universo. Con la participación de 17 países, JUNO representa no solo un reto tecnológico de gran alcance, sino también un símbolo de la ciencia como proyecto global compartido.

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