Cada comienzo de año se publican múltiples informes y análisis que intentan anticipar las transformaciones que marcarán la agenda global. En la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque hemos seleccionado dos referencias clave que coinciden en destacar un fenómeno central para entender 2026: la geopolítica ha pasado a ocupar un lugar determinante en la estrategia de las organizaciones y la configuración de los sistemas de innovación. Se trata del artículo publicado por Esade Do Better, centrado en los riesgos geopolíticos que afectarán a los negocios, y del informe elaborado por Boston Consulting Group (BCG) sobre las fuerzas geopolíticas que están transformando las reglas del juego empresarial.
Ambas publicaciones sitúan el foco en un contexto internacional cada vez más fragmentado y multipolar, donde los equilibrios tradicionales se erosionan y emergen nuevas lógicas de competencia. La lógica de la globalización, que durante décadas guió las decisiones de localización, inversión y expansión, ha dado paso ya a una era de incertidumbre, marcada por tensiones entre potencias, conflictos armados persistentes y nuevas barreras regulatorias.
Los riesgos geopolíticos han escalado posiciones entre las principales preocupaciones de las organizaciones. En particular, los conflictos armados entre Estados —y sus efectos colaterales sobre cadenas de suministro, mercados energéticos o comercio internacional— son percibidos como una amenaza directa para la continuidad y competitividad de las empresas. Las tensiones entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania o la creciente inestabilidad en Oriente Medio configuran un mapa geopolítico que impacta directamente sobre la economía global.
Sin embargo, no estamos únicamente ante una fase de riesgo, sino ante una transformación estructural del entorno de negocios. Las fuerzas geopolíticas están redefiniendo las condiciones en las que operan las empresas: desde las decisiones sobre dónde producir o invertir, hasta el cumplimiento normativo en contextos divergentes. Según BCG, el mundo avanza hacia una multipolaridad económica y política, donde los modelos tradicionales de expansión internacional se ven superados por una complejidad que exige nuevas capacidades.
La geopolítica redefine las condiciones para innovar: influye en alianzas, talento y orientación de la I+D+i.
Una de las ideas más destacadas es la necesidad de desarrollar «musculatura geopolítica», es decir, la capacidad de las organizaciones para entender las dinámicas globales, anticipar escenarios y reaccionar con agilidad. No se trata solo de gestión de crisis, sino de integrar el análisis geopolítico en la toma de decisiones estratégicas, con impacto directo en innovación, operaciones y alianzas internacionales.
La dimensión geopolítica ya no puede entenderse como un riesgo externo, sino como una variable estructural en la planificación de negocios y políticas públicas. La fragmentación del orden global, el auge del proteccionismo tecnológico o la creciente presión por asegurar autonomía estratégica en sectores clave (como la energía, los semiconductores o los materiales críticos) están dando forma a una nueva realidad donde competir exige anticipar no solo cambios de mercado, sino también giros en la política internacional.
Este escenario abre oportunidades para reposicionarse en sectores estratégicos, atraer inversión y fomentar colaboraciones que respondan a nuevas configuraciones geopolíticas. Por otro, obliga a reforzar capacidades internas en inteligencia estratégica, resiliencia organizativa y análisis de entorno.
La recomendación es clara: tanto las organizaciones como los ecosistemas de ciencia, tecnología e innovación deben incorporar la geopolítica como un elemento transversal de su estrategia, capaz de influir en la localización de infraestructuras, la gestión del talento, la cooperación internacional y la orientación de la I+D+i.
Integrar el análisis geopolítico en los ecosistemas de innovación será clave para anticipar riesgos y abrir nuevas oportunidades.




