En su discurso sobre el Estado de la Unión del pasado 16 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, destacó que las startups europeas de tecnología profunda (deep-tech) van camino de captar en 2026 una inversión récord de capital riesgo. Sin embargo, el balance que acompaña al discurso matiza este optimismo: con frecuencia, las más prometedoras siguen buscando fuera de Europa el capital para crecer, y con él se desplazan la inversión, el talento y la propiedad intelectual. El problema, por tanto, no es tanto crear empresas innovadoras como lograr que crezcan desde Europa.
¿Por qué a Europa le cuesta escalar sus empresas tecnológicas?
El documento de la Comisión sitúa el origen en una brecha conocida: Europa produce investigación de primer nivel, pero demasiado poca se traduce en nuevos productos o empresas. Cuando esas compañías alcanzan la fase de expansión, la principal limitación es financiera: el Fondo Europeo de Inversiones estima una brecha anual de unos 70.000 millones de euros en capital riesgo de fase avanzada entre Europa y Estados Unidos.
Frente a esta falta de capital riesgo para escalar las empresas más innovadoras, Marc Lemaître, director general de Investigación e Innovación de la Comisión, apunta a que los fondos de pensiones europeos, que gestionan en torno a 3 billones de euros, apenas destinan un 0,01 % al capital riesgo. Otras estimaciones, con métodos distintos, sitúan esa proporción algo por encima, pero coinciden en que es marginal.
¿Qué solución está buscando Europa?
La respuesta más reciente es el Pacto Europeo de Inversores Institucionales, lanzado el 22 de septiembre por la Comisión y el Grupo del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Se trata de un marco voluntario que no compromete nuevos fondos públicos, sino que busca conectar a aseguradoras y fondos de pensiones con instrumentos ya existentes: la segunda fase de la European Tech Champions Initiative (ETCI 2.0), un fondo de fondos con un objetivo de captación de hasta 15.000 millones, y el Scaleup Europe Fund, que invierte directamente en empresas y aspira a reunir 5.000 millones.
El pacto es un buen primer paso que traslada a Europa modelos nacionales como la iniciativa Tibi francesa, que ha movilizado cerca de 31.000 millones de euros de inversores institucionales desde 2020. Sin embargo, necesitará ir más allá y atraer a más inversores que los 13 institucionales que hasta ahora han manifestado su intención de participar.
¿Qué está ocurriendo en Euskadi?
Según los datos de Up!Euskadi elaborados a partir de Dealroom, las startups vascas han captado en lo que va de 2026 la cifra récord de 604 millones de euros, batiendo los 329 millones del año anterior, y con rondas de un tamaño inédito: en julio de 2026 Multiverse Computing anunció una ronda de hasta 500 millones.
Sin embargo, todavía existe margen de mejora. Sin contar Multiverse, la inversión creció un 79 % entre 2021 y 2025, mientras que las rondas de Serie B se mantienen en niveles de 2021 y la financiación pre-seed (capital presemilla) ronda los 6,5 millones anuales desde entonces. Es necesario reforzar esos tramos, iniciales e intermedios, para renovar el flujo de proyectos.
Para mejorar el acceso al capital riesgo, Euskadi ha empezado a construir su propia respuesta. En marzo de 2025, el Gobierno Vasco y nueve entidades financieras, entre ellas la Federación de EPSV, firmaron la Alianza Financiera Vasca, con el objetivo de movilizar 4.000 millones de euros de inversión, 3.000 millones provenientes de capital y ahorro privado. En este marco se han creado el fondo Hazten Scale Up, dotado con 50 millones para coinvertir con capital privado, y el Programa de Inversión en Escalabilidad, que canaliza hasta 60 millones a través de cuatro gestoras privadas con la condición de invertir en empresas vascas al menos el doble de lo recibido. A ello se suma la reforma en tramitación del decreto de EPSV, que obligaría a estas entidades, con un patrimonio de más de 32.000 millones, a considerar expresamente la inversión en la economía productiva vasca o justificar por qué no lo hacen.
La arquitectura vasca reproduce a escala regional la lógica del pacto europeo. El reto no es tanto disponer de instrumentos como hacerlos crecer y conectarlos con otros fondos similares en el ámbito europeo: fondos como Hazten, con 50 millones, quedan aún lejos del umbral de 300 millones que ETCI 2.0 fija para los fondos medianos. El ahorro institucional vasco puede ayudar a que las gestoras locales ganen tamaño y facilitar su participación en los vehículos europeos. No se trata de retener el capital en casa, sino de que el crecimiento de las empresas vascas se financie, cada vez más, desde Euskadi y desde Europa.




