Un año después del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la ciencia y la investigación en el país muestran signos de retroceso preocupantes. Así lo señalan dos de las revistas más influyentes del país, Nature y Science. Según las publicaciones, agencias clave como los Institutos Nacionales de Salud (NIH) o la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF) han sufrido recortes drásticos, y se estima que más de 7.800 proyectos de investigación han sido cancelados. La previsión es que el número de subvenciones de la NSF alcance su nivel más bajo en una década.

Además, se ha producido una purga significativa de personal científico en agencias públicas, generando incertidumbre y debilitando la capacidad institucional para sostener una política científica sólida. La caída del presupuesto federal en I+D no militar lo sitúa en niveles equivalentes a los de 1991, ajustados por inflación.

A esto se suma una reducción prevista en la llegada de estudiantes internacionales a las universidades estadounidenses, lo que puede afectar aún más a la capacidad del país para mantener su liderazgo en investigación e innovación. Aunque algunos sectores como la inteligencia artificial siguen recibiendo apoyo, la tendencia general apunta a un debilitamiento del ecosistema científico.

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