El último avance estadístico de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) apunta a un cambio significativo en la orientación de la inversión en I+D. Aunque el gasto total en investigación y desarrollo mantiene una evolución moderada, los presupuestos públicos muestran signos de estancamiento o retroceso tras el impulso asociado a la pandemia.
Más allá de la evolución cuantitativa, el dato más relevante es cualitativo: los gobiernos están reorientando sus prioridades. La financiación pública en I+D se desplaza progresivamente hacia ámbitos como la defensa y la energía, mientras pierde peso en áreas como la salud o la investigación básica. Este giro refleja un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, la presión sobre las finanzas públicas y la creciente centralidad de la seguridad y la autonomía estratégica.
La nota de la OCDE pone así de manifiesto una transición en el papel del sector público en la I+D: de motor expansivo en contextos de crisis a actor más selectivo, con una asignación de recursos cada vez más alineada con objetivos estratégicos. Una señal que apunta a una redefinición de prioridades en los sistemas de innovación avanzados.




