Una nueva generación de agentes de inteligencia artificial generativa (IAG) ya es capaz de analizar convocatorias, reutilizar conocimiento previo y redactar propuestas completas de proyectos europeos adaptadas a los criterios de evaluación de cada programa. Lo que hasta hace poco era una herramienta para mejorar borradores empieza a convertirse en un factor que puede alterar las reglas de competencia por la financiación europea de la I+D+i.

¿Qué está cambiando en la financiación europea?

La inteligencia artificial eleva la competencia y reduce diferencias entre propuestas, en un contexto en el que la tasa de éxito vasca en Horizonte Europa se reduce de forma significativa.

El impacto sobre el sistema ya empieza a ser visible. Según un análisis publicado este año en Nature, numerosos organismos financiadores internacionales están registrando un fuerte aumento del número de solicitudes, acompañado además de una mejora generalizada de la calidad formal de las propuestas. Entre 2022 y 2025, las solicitudes presentadas a las acciones Marie Skłodowska-Curie (MSCA) aumentaron un 142%, y cada vez resulta más difícil encontrar propuestas técnicamente deficientes. Según el Horizon Dashboard de la Comisión Europea, el 51% de las propuestas presentadas entre 2021 y 2025 superaron el umbral de excelencia, pero solo el 15,7% obtuvo financiación. La diferencia entre unas y otras depende cada vez menos de la calidad técnica y más de las limitaciones presupuestarias del sistema.

Aunque todavía resulta difícil aislar el efecto directo de la IA generativa de otros factores, como la presión presupuestaria, la competencia internacional o los cambios en prioridades europeas, el patrón apunta hacia un escenario de competencia mucho más intensiva: más propuestas, mejor adaptadas a los criterios y con menores diferencias formales entre sí.

En paralelo, empieza a abrirse un debate sobre el futuro del propio sistema de evaluación europeo. Según un artículo reciente publicado en Science|Business, representantes de la Asociación Europea de Universidades (EUA) y de CESAER, asociación europea de universidades de ciencia y tecnología, han advertido de que las primeras propuestas para el FP10, el próximo programa marco europeo que arrancará en 2028, apenas abordan este problema. Mientras la Comisión Europea defiende el actual modelo de evaluación por expertos, en Bruselas se discuten posibles cambios de calado: limitar el número de solicitudes, introducir sorteos entre propuestas que superen determinados umbrales de calidad o dar más peso a la trayectoria de los equipos y las instituciones frente a la propuesta concreta presentada.

¿Qué está ocurriendo en Euskadi?

El ecosistema vasco no es ajeno a esta presión competitiva. Según datos del Observatorio de Innobasque, en las convocatorias de 2024 de Horizonte Europa se presentaron 1.259 propuestas con participación vasca, un 33% más que en 2023. Sin embargo, la tasa de éxito cayó del 24,7% en 2022 al 13,9% en 2024, una caída más pronunciada que la registrada por la media de la UE-27. Euskadi pasó de 280 proyectos captados en 2022 a 195 en 2024, y la contratación económica descendió de 180 millones de euros a 114 millones en el mismo periodo, un nivel inferior al de 2014.

La evolución por pilares acentúa el diagnóstico. En el Pilar 1 (Ciencia Excelente), la tasa de éxito vasca cayó diez puntos en dos años, frente a tres en la media europea, coincidiendo con un aumento del 43% en las propuestas presentadas. En el Pilar 2 (Desafíos Globales), la caída fue de casi trece puntos, frente a siete en la UE-27. Euskadi mantenía una ventaja diferencial sobre la media europea en los dos pilares principales; gran parte de esa ventaja se ha reducido en apenas dos anualidades.

¿Cómo nos posicionamos? ¿defensa o estrategia?

Para Euskadi, la transformación encierra una paradoja estratégica. El modelo vasco está bien posicionado en ámbitos colaborativos e industriales, gracias a la actividad de grupos empresariales y estructuras consolidadas como BRTA: en 2024, las propuestas con participación vasca representaron el 19,3% del total europeo en el clúster CL4 (Digital, Industria y Espacio) y el 14,1% en el CL5 (Clima, Energía y Movilidad), cifras elevadas para nuestro tamaño relativo. Pero la posición vasca sigue siendo más débil en programas de excelencia individual como el ERC, precisamente uno de los espacios donde la competencia se intensifica con mayor rapidez.

La cuestión de fondo es probablemente otra. Si la IA generativa va a redefinir cómo se compite por financiación europea, el Sistema Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación necesita pensar cómo posicionarse dentro de esa transformación, no solo cómo defenderse frente a ella.

¿Qué papel van a desempeñar estas herramientas en los procesos de preparación de propuestas? ¿Cómo se van a compartir buenas prácticas entre agentes? ¿Se está invirtiendo suficientemente en capacidades colectivas al mismo ritmo al que cambia el terreno de juego?

Porque, si la calidad formal de las propuestas tiende a homogeneizarse, la ventaja competitiva dependerá cada vez menos de escribir mejor y más de demostrar capacidades diferenciales, liderazgo europeo, posicionamiento estratégico y fortaleza de ecosistema. Y ese puede acabar siendo el verdadero cambio de fondo que la IA introduzca en la financiación europea de la I+D+i.

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